«Mi hijo no come»: cómo lidiar con la culpa y entender que no es tu falla

​Carta abierta a la mamá que llora en el baño

​Si estás leyendo esto, es probable que ya hayas llorado en la cocina o en el baño después de una comida.

Es ese momento de silencio donde, luego de una batalla campal en la mesa, te derrumbás. Sentís que has fallado, que sos la única, y que de alguna manera, si hubieras hecho las cosas «mejor», tu hijo no estaría pasando por esto.

Quiero que sepas, de corazón, que te vemos, te entendemos, y que es hora de soltar esa mochila.

​La culpa por la selectividad alimentaria es la emoción más tóxica y agotadora de la maternidad selectiva.

Esta culpa te agota, te aísla y, paradójicamente, te quita la energía que necesitás para ayudar a tu hijo. El primer paso para avanzar no es hacer que tu hijo coma brócoli; es perdonarte a vos misma.

​El apontamento emocional: ¿Por qué duele tanto?

​El dolor por la selectividad alimentaria es profundo porque ataca directamente el instinto de supervivencia y la identidad materna. Sentís culpa porque:

  1. Instinto Fallido: Creés que tu principal tarea biológica es nutrir a tu cría, y si él rechaza el alimento, sentís que tu cuerpo y tu esfuerzo fallaron.
  2. Juicio Social: El mundo te dice que «todos los niños comen si tienen hambre» y que «es un tema de disciplina». Cuando tu hijo se niega, el juicio externo (familia, amigos) se internaliza.
  3. El «Detetive del Error»: Repasás el pasado: ¿Fue la lactancia? ¿Fue el blw? ¿Lo presioné demasiado? Esta búsqueda obsesiva del error te paraliza.

​La verdad que tenés que escuchar es: La selectividad alimentaria es sensorial, conductual, a menudo biológica, y casi nunca es un problema de amor o de disciplina de los padres.

​Desarmando el mito: por qué la selectividad no es culpa tuya

​Para liberarte de la culpa, tenés que entender sus verdaderas causas. No son errores de crianza; son diferencias en el procesamiento:

​No es desobediencia, es hipersensibilidad

​Muchos niños selectivos tienen un procesamiento sensorial atípico. Para ellos, un puré de zapallo no es «dulce y suave»; puede ser «arenoso, pegajoso y fuertemente dulce hasta el punto de la náusea».

  • Tu falla: Pensar que la comida es neutra.
  • La realidad: La boca, el tacto, el olfato y hasta el oído de tu hijo están percibiendo la comida con una intensidad que vos no podés imaginar. Un bocado rechazado es un acto de autoprotección, no un acto de rebeldía.

​La genética y el temperamento juegan un papel

​Las investigaciones sugieren que hay un componente genético significativo. Si vos o tu pareja fueron selectivos de chicos, existe una predisposición.

Además, los niños con temperamento más cauteloso o ansioso suelen ser más propensos a ser selectivos, ya que la comida es una novedad constante y un potencial peligro.

  • Tu falla: Creer que la terapia conductual puede reescribir un cableado cerebral complejo.
  • La realidad: Estás lidiando con su biología y su temperamento. Tu rol es darle herramientas de afrontamiento, no reescribir su ADN.

​Dejar la culpa para abrazar la aceptación (el primer paso)

​El agotamiento emocional es la principal barrera para la ayuda. Si estás exhausta de sentir culpa, no te queda energía para ser la mamá tranquila y estratégica que tu hijo necesita.

El primer acto de amor propio y estratégico es la Aceptación:

  1. Nombrá la Emoción: La próxima vez que sientas esa presión en el pecho, decí en voz alta (o escribí): «Estoy sintiendo culpa porque hoy mi hijo solo comió pan. No es mi culpa. Es mi preocupación».
  2. Soltá la Narrativa del «Debería»: Tu hijo debería comer verduras. Vos deberías ser una madre que alimenta bien. Dejá ir la fantasía y aceptá la realidad: «Este es el plato de mi hijo hoy, y lo voy a ayudar desde donde estamos».
  3. Buscá el Abrazo de la Estrategia: La culpa te hace mirar hacia atrás (el error). La estrategia te obliga a mirar hacia adelante (el próximo paso).

El perdón a vos misma es la herramienta más poderosa para la selectividad alimentaria, porque es lo que te permite bajar la presión de la mesa.

​Estrategias prácticas para aliviar la carga emocional

​Una vez que aceptás que no es tu culpa, podés empezar a cuidarte. Recordá: la madre emocionalmente agotada genera un ambiente de alta presión, lo que empeora la selectividad.

​Dividí la responsabilidad (y la Comida)

​No sos la única responsable de la nutrición. Involucrá a tu pareja, abuelos o terapeutas en la responsabilidad de la estrategia, no solo en el juicio.

  • Regla de Oro (Satter): Vos ofrecés la comida (dónde, cuándo y qué). Él decide cuánto come (o si come). Tu única responsabilidad es ofrecer, no asegurar la ingesta. Esto te quita un 50% de la carga.

​Un día libre de estrategias

​Elegí un día a la semana (el domingo, por ejemplo) donde no haya NINGÚN objetivo. No hay checklist, no hay nuevos alimentos, no hay presión.

Solo compartir el momento en familia. Esto te da un respiro mental y recalibra la relación de tu hijo con la mesa.

​El «diario de la victoria»

​Dejá de medir el éxito por lo que tu hijo no comió. Empezá a medirlo por las pequeñas victorias (Progreso). En lugar de enfocarte en el plato vacío:

  • ​Anotá: «Hoy tocó la zanahoria (Progreso)».
  • ​Anotá: «Hoy se sentó 5 minutos sin levantarse (Progreso)».
  • ​Anotá: «Hoy no lloré después de la cena (¡Tu Progreso!)».

​Recordá: el progreso no es lineal. Habrá días de calma y días de caos. Lo importante es que vos te mantengas en el centro, firme en la convicción de que estás haciendo tu mejor esfuerzo con las herramientas que tenés.

​Enlaces Recomendados

​Para profundizar en cómo la culpa se relaciona con la alimentación y cómo las estrategias cognitivas pueden ayudarte a mirar hacia adelante:

Sesgo de Confirmación: Entendé esta tendencia psicológica que te hace buscar y recordar solo los momentos donde «fallaste» o «te equivocaste», ignorando todas tus victorias: Accedé al concepto de Sesgo de Confirmación

La culpa te agota. La calma te da la herramienta.

Contanos tu Descanso:

¿Cuál es la frase de culpa que más te repetís? Al escribirla y nombrarla, le quitás poder. Dejala aquí en los comentarios. Te leemos y te abrazamos.

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